Casa frente al azul

Casa frente al azul
Nací el otoño del 48, en San José, un paraje ribereño del río Aguas Frías, frente a Ojo de Agua, en la finca cacaotalera que plantó el abuelo materno de mi padre, en tiempos de la Restauración de la República Dominicana; terreno que posteriormente fue partido en dos por la carretera Salcedo-Tenares. En ese enclave levantaron mis padres Gustavo Ramos Portorreal y Ana Concepción Tejada Bretón, la casa de madera donde nací, crecí, me multipliqué en dos hijas y un sin fin de historias. En esa vivienda que llamo "Mi casa de frente al azul", por tener siempre a la vista la comba celeste, el azul pizarra del Cerro de La Cruz y ante el portal, en el cielo, la estrella polar, es donde gracias a Dios aún vivo, medito, me afano, me sueño, me escribo.* * Génesis, pasión, identidad y búsqueda de una escritora dominicana: Emelda Ramos. La palabra Rebelada / Revelada: el poder de contarnos. Ediciones Femlibro, Editorial Guapané, New York, 2011.

viernes, 13 de julio de 2012

El último aon


El último aon de Emelda Ramos, “una pequeña joya que permitirá gozar a los jóvenes lectores de un pasado casi remoto, pero actual”, según Marcio Veloz Maggiolo

El sello editorial Alfaguara Infantil realizó su primer lanzamiento del año con el libro “El último aon” de Emelda Ramos, veterana escritora y educadora, en un sencillo y concurrido acto realizado en el Foro Pedro Mir de la librería Cuesta, el 6 de marzo. Dirigido a niños de 10 años en adelante, el libro cuenta 44 páginas con ilustraciones a color de la diseñadora y artista Adela Dore.

Según las palabras del prestigioso escritor Marcio Veloz Maggiolo, quien tuvo a su cargo la introducción del libro, este libro es “una pequeña joya de la narrativa infanto-juvenil. Un libro donde el conocimiento de la tradición y la leyenda se aúnan en un modelo de síntesis que permitirá a los jóvenes lectores gozar de un pasado casi remoto, pero actual: el de la desaparición de unas etnias, las de los taínos, que se esfuma simultáneamente con su entorno moral, ecológico y humano”.

Este cuento infantil, cuidadosamente editado por el equipo de Alfaguara, trata de un episodio inédito que ocurrió en los primeros años de la colonización española, y lo protagonizan un niño taíno, Guaramatex, y un pequeño perrito de la raza “aon”, desaparecida ya. Juntos han vivido muchas aventuras desde que el niño taíno rescató al cachorro en medio del bosque. Pero el mayor peligro los aguarda ahora, cuando la tribu de Guaramatex es forzada a desplazarse a un lugar desconocido y tienen que abandonar su comunidad natural, bajo el régimen de las encomiendas.

Emelda Ramos es escritora y educadora. Ha publicado la novela El despojo o por los trillos de la leyenda, premio del Ateneo Minerva Mirabal (1984); los libros de relatos De oro, botijas y amor (1998), Angelario urbano (2002) y Los oficios y placeres de Miralvalle (2009); las antologías Cuentistas dominicanas siglo XX (2005); El cuaderno de la rosa (poesía infantil, 2008), Voces infantiles cuentan (compilación) y Delia Quesada, pionera de la dramaturgia infantil (2009). El último aon es su primer libro publicado en Alfaguara Infantil.


EL CORRER DE LOS DÍAS
Un bello texto de Emelda Ramos
Marcio Veloz Maggiolo


Los libros para la infancia, generalmente pensados por adultos, aciertan cuando el adulto intenta ver las historias con una suerte de creatividad basada en la comprensión que pueda tener un niño sobre aquello que el autor narra. Existen muchas formas de narrar historias infantiles, y desde luego, algunas pueden ser, como en el caso de Momo y La Historia Interminable, de Michael Ende, por solo citar dos de mis preferidas,  formas que transitan entre la infancia y la adolescencia, hasta el punto de que el lector adulto las incorpora igualmente a su conciencia no tanto por la temática como por los rasgos creativos que marcan la maestría del autor. Por razones como estas, donde se hace difícil captar lo infantil o lo adolescente en una obra literaria, o bien donde se confunden estas vertientes; muchos textos se quedan varados entre las fronteras de un modelo y el otro, o quedan enquistados en una visión lograda como un relato adulto para que por cierta temática pueda ser narrado a un infante o a un adolescente. La narrativa para niños y adolescentes es toda una búsqueda, todo un esfuerzo creativo. El escritor debe mantenerse apegado a formas que no pueden ser las mismas del relato adulto convencional. Cuando decide escribir un texto de este tipo lo primero que hace o debe hacer el creador, es confrontarlo del principio hasta el final, antes de escribirlo, confrontarlo en el futuro de su posible creación. En la novela adulta puede acontecer lo mismo, el escritor tiene una global visión del amasijo de sus formas aun no creadas, pero a veces,  a diferencia de la creación de relatos dotados de inocencia, puede ir creando al ritmo de la escritura misma, como un sastre que armará las piezas del traje, cambiando a veces sin mucha planificación, el modelo sobre el cual ha trabajado y planeado. Pero en la literatura infantil el destino de la misma obliga a caer en un punto que culmina para un cierre casi expositivo, casi una forma capaz de dejar latente el mensaje que se desea proporcionar. Es por lo menos una manera o modo  de hacer basado en mis experiencias creativas. Por tales razones  un texto para niños y jóvenes aspira siempre a dejar en el lector el recuerdo fundamental de su contenido, mientras que en la novela o relato adulto, se puede, sin que ello carezca de importancia, dejar una impresión como forma,  a veces menos narrativa, es decir más como impresión que el lector gusta por sus mitomas, sus maneras de narrar, sus formaciones y modelos y giros idiomáticos. En tal sentido la metáfora del relato infanto-juvenil está dada por la creación del relato mismo, mientras que en la literatura de orden adulto la lengua y sus manejos transformacionales son el síndrome del idioma que narra.

Lo dicho anteriormente permite establecer las dificultades varias que presenta una temática infanto-juvenil si la misma no es vista con un hilo conductor siempre coherente. ¿La técnica de narrar para niños, o para la literatura llamada “infanto-juvenil” es al fin y al cabo una obra del adulto, o el adulto tiene que volver al fondo de su propia  infancia, (a la edad que vive debajo de esa creación)  para decir al lector las aventuras como él mismo las percibiría  o las percibe en el caso de su pasado más temprano? Estas son las preguntas que nos hacemos cuando intentamos escribir textos dirigidos a sensibilidades de las que buscamos acertar en  un blanco. Porque un cuento infantil no es aquella narración que se piensa que por ingenua es buena, ni que en su ingenuidad está su éxito, sin tomar en cuenta que la misma necesita de un argumento que entrando en la sencillez de lo narrado, pueda poseer, igualmente un meollo que haga la fábula entendible y, por demás, asequible como enseñanza. Debe haber siempre un fondo pedagógico en toda literatura infanto-juvenil.

Hay por lo tanto en estos campos de la narrativa llamada más de un camino para hacerla llegar a los lectores: la una intenta narrar la aventura como un espacio que hace volcar en el lector la imaginación, promoviéndola, y la otra que toma de una realidad, de una experiencia, de un texto o de la vida misma, formas reconstruibles para las cuales es posible sostener lo “aventuresco”, llenando de sabor nuevo y apetecible para el joven lector aquello que antes era el dato simple, lo normal en todo proceso vital o tradicional. Pero no es imposible la fusión de ambas posibilidades.

Sabemos que Emelda Ramos ha tenido, como escritora, una carrera ya larga y exitosa. El primer libro que conociera de su autoría, presentaba la tendencia a la creación del mito tradicional. De oro, botijas y amor,  traía ya a una escritora de fino prosa y de imaginación cargada de poesía. Era su segunda obra, la que leí antes de que la autora la  llevara a la prensa. De ahí que sus próximas creaciones no me sorprendieran. Que sus premios me llenaran de júbilo, porque siempre que la calidad prima, debemos  llenarnos de alegría.

“El último Aón”, publicado por la editorial Alfaguara en su colección infantil, es  una pequeña joya de la narrativa infanto-juvenil. Un libro donde el conocimiento de la tradición y la leyenda, se aunan en un modelo de síntesis que permitirá a los jóvenes lectores gozar de un pasado casi remoto, pero actual: el de desaparición de unas etnias, las de los taínos, que se esfuma simultáneamente con su entorno moral, ecológico, y humano. Grupos y culturas que se resumen en personajes que son signos de las mismas.

“El último Aón”, relato de la autoría de Emelda  Ramos, constructora de literaturas bien logradas, penetra en la historia novedosa que, sacada de la vida aborigen antillana, refiere el tema de la extinción del indio, del ecosistema, y en particular de la fauna agredida por el impacto colonizador, dándonos una visión del vestigio de un espacio mítico, en el cual el personaje principal es un perro aborigen que sigue a su amo hasta sucumbir también en las fauces de la conquista… El texto, como siempre bien escrito, porque tal característica es común en la prosa narradora de Emelda, permite al lector entender el trayecto que sigue el otro principal personaje de la leyenda creada por ella, denominado Guaramatex, “el que camina de espaldas”, víctima simbólica de la última encomienda de indios, y dueño del fiel perrillo mudo que habrá de seguirle. Guaramatex es, para un adulto como creo que a veces soy, el signo de aquello que se disuelve con su caminar hacia el pasado y con la desaparición de la etnia aborigen.

Cuando ya todos los perros mudos, a cuya estirpe pertenece el aón que  sigue a Guaramatex con gran amor, han desaparecido. El animal, como una sombra de su dueño, irá tras sus huellas. Guaramatex lo arrastra creo que simbólicamente con su paso tan  parecido al de las ciguapas; y aunque como aquellas no tenga los pies torcidos, ambos van, poéticamente hacia el atrás de la historia  que se va difuminando para dar paso a la del conquistador.

Usando de las Crónicas, escogiendo aquello que puede ser comprensible y explicándolo con maestría, utilizando el saber sobre ajuares, palabras fluidas en su creación, y dejando que el joven lector aprecie el modelo de conquista, la burla y la incomprensión de quienes no entendieron en su momento la cultura taína, la autora, convierte la historia en una bella y nueva leyenda, la del último de los perros mudos, y la del indio, quizá el último también, que esclavizado por las encomiendas, desaparecerá con paso tardo y torcido  al desaparecer la libertad que a poco se esfuma en las páginas de este bello y ejemplarizador relato. 

Fuente:
Listín Diario – La República

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